A las 6:35 p.m.

En el ochenta cumpleaños de de don Manuel Díaz Martínez, con permiso, comparto un poema suyo sobre esta hora misma, 6:35 p.m.:
6:35 p.m.
Aquí dejo constancia
de este instante sin peso,
sin fondo, sin prisa.
De quedarme en silencio,
cuánta nada sería
esta tarde que admiro;
cuanto olvido, también,
estas dalias vivaces
que iluminan mi mesa
mientras bebo el café.
Manuel Díaz Martínez – Poemas sueltos 1996 . 2011

¡Que siga la vida!

Cinco poetas homenajean a Pedro Lezcano

El pasado domingo, trece de marzo, los poetas Elsa López, Margarita Ojeda, Manuel Díaz Martínez, Antonio Arroyo y yo, rendimos un intenso  y sentido homenaje a Pedro Lezcano Jaén,  en ese espacio intangible pero cierto de las ondas que nos procura Manuel Martín,  en su programa Diálogos de Medianoche, en Radio ECCA. Leímos una muestra significativa de su obra en verso y en prosa. Afortunadamente, contamos con la grabación de ese encuentro para ofrecerles a los amantes de la poesía la oportunidad de escucharlo, si no pudieron hacerlo entonces. Aquí lo tienen.

http://www.ivoox.com/13-marzo-2016-la-poesia-audios-mp3_rf_10792731_1.html

Olga Luis Rivero y Lucía Rosa González

En la noche del pasado ocho de noviembre, perseverando en la magnífica iniciativa de Manuel Martín, director y presentador del programa Diálogos de Medianoche, de Radio ECCA, Antonio Arroyo Silva y yo, inauguramos un nuevo formato al que se ha llamado acertadamente Revista Literaria, pues abrimos este espacio radiofónico a una mayor y más variada participación  de los creadores, además de reservar un tiempo para dar noticia puntual de las publicaciones que, fruto de la gran actividad poética de Canarias, van apareciendo. A estos efectos, invitamos a los colegas a que nos hagan llegar sus libros para poder anunciarlos porque, desgraciadamente, no los tenemos todos.

En el «número cero» de esta Revista Literaria tuvimos el placer de contar con Olga Luis Rivero, de Tenerife, y Lucía Rosa González, de La Palma, y disfrutar de una breve muestra de su trabajo en su propia voz.

http://www.ivoox.com/08-noviembre-2015-revista-literaria-audios-mp3_rf_9324419_1.html

Preces

Este poema incluido en mi poemario Otro uno, reparto y localizaciones, que junto con otro de Adolfo García García llamado H ¡Ay! Desconsuelo, fue publicado en un mismo libro bajo el título genérico Otro uno, desconsuelo —NACE, 2014—, le gustó  a los colegas y a muchos lectores atentos. Aprovechando la proxímidad del 4º Recital de Poesía Religiosa Nuestra Señora de La Luz que se celebrará el próximo ocho del corriente a las siete y media de la tarde, se los brindo con afecto.

PRECES

Muy superior a mí no siendo nada
En la atómica red y las estrellas
Sin encontrar por esconder la noche
La figura de un padre
Tan afines a mi en los absurdos
Los transeúntes de la gran metrópoli
Los que trasiegan en el campo y el mar
No llegando al deshacer esta noche
Los caminos y vías
Mi reposo rendido a la negrura
De la lombriz que agujerea el alma
Sin que conozca por estar la noche
Como la guerra hace

Plantando con locura lo demente

Esta mujer que madre fue y lavó
Las humildes vestimentas de su hijo
Me llevará a la orilla en donde blancas
Alegraron el cielo
Con volar superior al de los serafines

Sin fuerza ya la parásita noche

tanto al anuncio como al fin

me guiará esta cuna que fue

luz inferior a nadie.

1307065387800.logo2-72.default  Reservados todos los derechos.

Antonio Arroyo Silva: Una mirada en la voz. Algunas notas sobre «La voz mirada», de Aquiles García Brito

Coincidiendo por casualidad con la reseña publicada en mi entrada anterior, se publica en La Palma Ahora el trabajo de Antonio Arroyo Silva, poeta, crítico literario, profesor, y maestro de poetas, de merecido reconocimiento en alza, sobre La voz mirada —NACE, 2012—. Otra indagación distinta, sorpresivamente enriquecedora de la experiencia poética que supone la escritura y la lectura —o reescritura— de unos versos, un poema, o de un poemario y que, reproduzco a continuación, con su autorización.

Una mirada en la voz; algunas notas sobre La voz mirada, de Aquiles García Brito

No aceptes lo habitual como cosa
Porque en tiempos de desorden,
de confusión organizada, nada debe
parecer natural.
Nada debe
parecer imposible de cambiar. 

Bertold Brecht

En la Feria del Libro de Las Palmas del año 2012, Rosario Valcárcel nos presentó éste, el primer poemario de Aquiles Javier García Brito, La voz mirada. Esas palabras de Rosario, que además figuran en la edición como prólogo, despertaron el interés del que ahora comenta, no por lo entendible que pudiera resultar la obra, sino por la puerta de entusiasmo que ella puso a unos poemas que se abren al entendimiento del mundo de las emociones y, cómo no, de las sensaciones.
La expresión «la voz mirada» alude a una sinestesia y, al mismo tiempo, a un símbolo. Esta suerte de sincretismo recurrente suele darle, como en el caso del poemario que vamos a comentar, mayor fuerza al conjunto. La yuxtaposición de un recurso literario que indica la percepción conjunta de varios tipos de sensaciones diferentes en el mismo acto perceptivo, junto a la simbología que su autor, Aquiles García, adopta para su singular cosmovisión. Una idea de la poesía la suya que no procedente de la nada precisamente, sino muy acorde con la noción de coloquialismos con que el crítico literario Jorge Rodríguez Padrón caracteriza —entre otras— la renovación poética que supuso la irrupción de la poesía hispanoamericana a lo largo de todo el siglo XX, desde Nicanor Parra hasta la actualidad.
Cuando hablamos de coloquialismo no nos estamos refiriendo a esa poesía conversacional procedente de los folclores locales, sino a la idea de la poesía como una manifestación del habla. El poeta no copia de manera fidedigna la forma coloquial de su entorno geográfico, sino que, a partir de ahí, consciente de lo dicho anteriormente, crea su propio código coloquial; es decir, con palabras del propio Aquiles García Brito, su propia voz mirada.
Es un tópico generalizado en literatura afirmar que todo está dicho bajo el sol. Sin embargo, si consideramos que la poesía es un habla que ha de ser escrita para establecer una forma particular de visión, entonces el tópico cae por su propio peso: todo está por decir bajo distintas percepciones del mismo sol.
Como en la poesía de Claudio Rodríguez, y sin huir de lo humano en ningún momento, en Aquiles García el lenguaje remite a un doble nivel: el realista, más inmediato y primario, y el trascendente, más general y a veces más difícil de aprehender por el lector. La interacción entre ambos captura al lector en lo emocional por su puro anclaje con la realidad: Y sé/ que no debo empezar jamás/ el renacer de un pájaro único./ Hábitat protector,/ palmera canariensis,/ El ave fénix que resurja/ de sus cenizas, esta vez,/ debo ser yo. (Phoenix Canariensis, pag. 22). También, como Claudio Rodríguez, la poesía es una forma de conocimiento. En este punto el lenguaje cotidiano se eleva a la categoría de símbolo, de la misma manera que establece María Teresa Reyzábal al referirse al poeta castellano en su artículo de la revista Zurgai de julio de 2006, La estudiada naturaleza de Claudio Rodríguez.
La voz mirada también es un sintagma que da absoluta coherencia y cohesión al conjunto del poemario. Es la plaza Syntagma de Atenas donde todo confluye, lo humano con todas las reivindicaciones e inquietudes del Ser y con toda el ansia de inmanencia-transcendencia. Y a veces también lo divino. Es el centro y la brújula –que decía Borges— desde un sujeto lírico encerrado en su abandono que grita hacia el fondo de su monólogo interior que sólo «amanecerá moderadamente/ aquellos pocos días en que el hombre/ consiga mantener/ la voz mirada» (pag.66). De esta manera el libro acaba con una propuesta social a través de la poesía, o más bien de un concepto de poesía mucho más amplio y liberalizador que el usual, común también con el poeta de Zamora antes citado y que, en Canarias, encontramos en poetas como Pedro Lezcano que, si bien parte de una poesía social y reivindicativa, poco a poco se va adentrando en las profundas veleidades del Ser ante la vida y la muerte:

Mueres la rosa cuando no es de cera.
Yo fui silencio y volveré al silencio.
Pero por un instante lo habré roto
con una imprecación o con un beso.
 
Hasta el poema callará conmigo,
aunque algún eco dejará en el viento.

Conformidad, de Pedro Lezcano

En la poesía de La voz mirada, nuestro Aquiles, al menos en apariencia, no busca lo metafísico, sino una suerte de inmanencia a través no de la memoria, la recuperación de la cotidianeidad en ese espejo retrovisor fragmentario que trae lo mismo revoluciones perdidas en su mente por las circunstancias, como los más mínimos detalles del amor y el trasiego por la vida. Como John Coltrane y Spinoza, un irse de nuevo a esa patria de la infancia donde recuperar la cotidianeidad recordada en la música, ésa que el poeta llevó siempre dentro, esa sinestesia musical y anímica recuperada que le trae la letra oída a su voz mirada que le trae, a veces, la idea de dolor. Esto y una vía de escape hacia el ocaso:

Sí, quémala,
demuele la nada como los muros,
que se vea el ocaso
por donde habremos de escapar.

(op. cit. pag. 27)

Otra constante que aparece reflejada en el poemario es la idea de phisys del poema. Para ello el sujeto lírico –así lo llamo por el uso frecuente de la primera persona del singular— «copia» la vida del autor y ve en la mujer de aquél una trasmutación del cuerpo de la poesía como un ente femenino cotidiano y familiar con el que dialoga ensimismado dentro de su monólogo, a lo que la poesía-mujer le increpa: El reloj/ se me olvida con frecuencia/ pero tú/ en un gesto de amor/ me lo recuerdas:/ El tiempo,/ se te va el tiempo.(pag. 47).
Si no, observen cómo el poeta logra para su expresión un perfecto desdoble. Digamos, una superación del tema del doble modernista que Saulo Torón expresa así: «Yo no sé si soy yo o es aquél hombre/ que está ahí frente a mí, o en cualquier parte (…)» y que Aquiles:

Allí te encuentro con otro hombre,
el mismo siempre,
el de todos los sueños (…)

(pag. 29)

Singular manera de expresar el tema del doble desde el sueño de la amada poesía-mujer-esposa. Además, el ritmo del poema tiene mucho de swim y parece que está pasando una cámara de filmación en el instante de la lectura, como ya lo haría el poeta surrealista canario Emeterio Gutiérrez Albelo en su Enigma del invitado. Como dice el poeta brasileño Tanussi Cardoso en su libro Do aprendizado do ar: Entre eu e mim/ um abismo imenso. Entre el sujeto que percibe y el objeto percibido por el otro, su doble, media el abismo. Nueva fuerza y enfoque nos trae el poeta Aquiles García.
Pero el epicentro de todo el poemario es el amor a la mujer, los libros, la poesía, la música, la naturaleza cotidiana, el mar —otra vez Saulo Torón, sobre todo—. Un diario es este libro, pero no de un poeta recién casado:

(…) No hagas las cuentas de avaros ridículos.
Las horas del amor
son inconmensurables y contadas,
como las épocas del mar, sin tiempo.

Las horas del amor (pag. 45)

Por último, hay que destacar la ironía siempre presente en el poemario. Pero no la ironía de la carcajada fácil, sino algo más sutil. Si volvemos a la idea que planteé al principio de este comentario, lo entenderemos. Todo parte de ese territorio que el poeta recupera para su poesía que mucho le debe a la voz, pero también al carácter de la persona que determina la respiración en el poema. El novelista Anelio Rodríguez Concepción, del que siempre he valorado sus apreciaciones y sus inmensas dotes de observador, me dijo en cierta ocasión que la ironía del palmero tiene unas connotaciones especiales propias de todo lugar pequeño y, encima, con forma de corazón en plena ebullición. Sí, mi rey, el palmero emplea la ironía en sus conversaciones habituales sin que medie la más mínima sonrisa y esto hace que los interlocutores estallen a carcajadas. Aquiles García no nació en La Palma, pero sus padres sí. Como uno también tiene sus dotes de observación, noto perfectamente que lo que decía Anelio se corresponde no sólo con la persona del poeta, sino con el sujeto lírico que se expresa en el poemario. Un ejemplo:

Haberla recibido desvestida
obscenamente me hubiera cegado,
dependiendo ya de la urgente toma,
inmediata y completa posesión
de su voluptuosa anatomía.

(pag. 37)

En conclusión, un lenguaje sencillo que, como tal, sube al verso sin el peso del oropel, y que sin pretender llegar a los olimpos y seguir los cánones establecidos, sigue los despeñaderos de su propia aventura vital y poética. Y como dice mi amigo el poeta brasileño: «El ojo de la carne dentro de la piel/ el ojo entre las sábanas/ el ojo insoportable entre los límites/ el ojo sin esposas//el ojo del verso en transe y en tránsito/ el ojo en la contramano de la dicción/ el ojo dentro de la hipérbole y el espanto/ el ojo paradojal de la contradicción» (Ejercicio de la mirada, traducción Leo Lobos). Y la voz mirada de Aquiles García Brito.

Antonio Arroyo Silva
Sardina, Gáldar, 2 de diciembre de 2012

publicado en La Palma Ahora el 5/09/15

http://www.eldiario.es/lapalmaahora/lapalmaopina/Una_mirada_en_la_voz_6_427717226.html

Roberto Cabrera, sobre “Otro uno, desconsuelo”

Roberto Cabrera, músico, poeta, narrador y editor, de ganado prestigio y comprobada trayectoria, ha tenido a bien publicar hoy su texto de la presentación de mi poemario Otro uno, desconsuelo, acaecida en agosto del pasado año dos mil catorce, en el Palacio Salazar de Santa Cruz de La Palma, donde estuve acompañado también por el magnífico poeta Antonio Arroyo Silva. Y cuando un experto en la materia escudriña en la verdad de un poemario siempre descubre brillos desconocidos que deslumbran incluso al propio autor. Así la poesía cierra el ciclo creador autor intérprete lector, y cumple con su validez comunicativa a través de la belleza. Sobre sus percepciones solo puedo decir que tiene razon, la razón poética, y que estoy de acuerdo.

Con su permiso, lo reproduzco a continuación.

Otro uno desconsuelo

En el prólogo a este poemario José Balbuena Castellano explica con exactitud la trama y no hace falta que yo trate de perderme en inverosímiles transcripciones o interpretaciones. Destacaría sobre todo este hacer poético de Aquiles García Brito, su naturalidad. Un esfuerzo recurrente por lograr sin artificios que se manifieste el ser tal cual es, lo que no es poco. 
Los poemas que contiene Otro uno desconsuelo no significan precisamente la otredad, todo lo contrario, el hallazgo de uno mismo guía cada uno de sus versos, a veces apoyándose en los poetas de su gusto o devoción, que son muchos, pero donde sobresalen los canarios Saulo Torón y García Cabrera. El volúmen está dividido en seis apartados bajo los títulos de: Reparto, Cuarto de estar, Habitación de matrimonio, La playa, El puerto y la luz y Demás intemperies.
En el primero de ellos define lo que tantos creadores han tratado de explicitar respecto a las musas visitadoras: Soy otro uno, dice, el que lleva los ojos al faro de las letras.
 En el segundo se pasea por el universos de lo interpersonal y las relaciones de poder usando la sutil ironía de las metáforas cotidianas. Más adelante el poeta se enfrenta a lo abstracto, al tiempo, al pensamiento y la filosofía, pero asimismo a lo más cercano y concreto: la madre, la casa… Hay paisajes y silencios de impotencia hasta certificar la brevedad de la vida en el poema Otoño.
 En La playa emergen tiburones y piratas que asolan islas, así se hiela la esperanza en aquella mano de García Cabrera que nuestro poeta estrecha emocionado.
 Escuchando el sonido de las caracolas nos son presentados los mundos de la infancia y la ancianidad unidos por el mar. 
Se dice que los poetas grancanarios cantan al mar y este sentimiento marino se plasma en poemas como El mar pinta los muelles y Balandrista, aunque revestidos de rabiosa contemporaneidad. El hombre solo, la panza de burro en Tormenta, Las lucernas en El templo o el ritmo de las hojas en La fuente acompañan a un poema que descuella sobremanera en este libro. Se trata de Luz inferior a nadie donde con sinceridad y maestría muestra Aquiles García Brito la esencia de su ética y poética.
@ Roberto Cabrera

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Tormenta nocturna

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Tormenta nocturna

Con agradecimiento de discípulo atento, a Eugenio Padorno

La tormenta que viene por la noche

No allana la bahía.

Prefiere agazaparse,

Pernocta lejos.

Altísimo empuja

Un bosque oscuro,

Donde cuelga guirnaldas delatoras,

Y así desvela el alumbrado

Amarillo de la ciudad.

Y nos deja entrever su fronda

Cuando todo esclarece.

Entre las islas y la luna,

En el aire fondea

Una borrasca,

Y a cuestas trae un bosque frío;

La voz envía de sus animales.

Como la madre al hijo

Con los cuentos y nanas.

Aquiles García Brito

Del poemario Otro uno, reparto y localizaciones (NACE, LPGC, 2014)

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