Mi edad

En agradecimiento a todas aquellas personas que me felicitaron por mi cumpleaños hace dos días, y en contra de mi propio criterio, publico este poema inédito mío, aquí.

Mi edad

Tengo sesenta y dos cumplidos.
A ti no te dirá nada, seguro,
pero yo, no obstante, sigo escuchándola
por encima del crujir de los huesos,
que alguno ya me suena,
y de las grabaciones antiguas,
la caja de lápices de colores
y el árbol en el aire puberal.
Sesenta y dos recién contados,
con los que tú ni coges ni te quitan,
a lo mejor la tuya sin ninguna,
mas mi guitarra de una sola cuerda,
que sobrevive aún,
canta distinta en el claro,
ahora
con sesenta y dos,
que entre ramitas frágiles,
con ímpetu, por contra,
antes
con veintiséis.

En resumidas cuentas, yo no sé
a dónde fue a parar mi vida,
más allá de un abrir de ojos
para ver interiores.
Lo que, no sabría cómo, creí
es el hilvanar
que amarra a todas las fieras
ahogantes del tierno, don breve
del latido.

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A la memoria de Guadalupe Grande

Dejo aqui un poema de Poemas para llenar el estadio, ese libro que apareció a principios del pasado año, sin gran fortuna, sin ningún cariño que lo alzase, pero que vive, a pesar, y otro inédito, en memoria de Guadalupe Grande, una de las nuestras, que acaba de morir.

Cuando estuvo tocada

Vino con boina negra, apareció así, sola,
como se fue y no estaba, cuando, al final,
se encendieron las luces donde entró la poesía,
con una boina puesta y se sentó,
mientras yo recitaba, a oscuras, en su busca.

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Inédito

Uno de los nuestros

Uno de los nuestros ha fallecido.

Aquel
a quien no podré sepultar
cerca de biblioteca alguna,
ni en la grande de la avenida
ni en la humilde del barrio,
ambas hubieran sido de su gusto,
para tenerlo cerca cuando nos diéramos a leer,
ya no es quien habla, sino yo
el que recita el eco postrimero
de su palabra
que en el muy odiado cajón de las letras,
está sumido,
que en el muy amado cajón de las letras,
está dormida.

Uno de nosotros ha muerto,
y aproveché
para leer sus poemas
de un libro tan querido
como entre miles enterrado.

De Poemas para llenar el estadio

El invierno se oficializa

El invierno se oficializa, tras meterse en otoño. En este poema, aparecido en Isla y vuelta, me acuerdo, como ahora vuelve, de esa transición.

En domingo y a las once

En domingo y a las once oscuras

boya un mar en la tregua,

lejano, y tenues

unos candiles próximos.

Sin entender si es hora o es alegría,

me acuerdo de ese mes,

anotado al reverso.

En este día de noches,

devenida de sombras esta luz,

quien despierta y aun encubre

si el puerto llega

y será abrigo, o parte

y fue espigón,

como los años sin pisadas,

la sigilosa,

en domingo y a las once oscuras

caigo en la cuenta de noviembre.

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Breve reseña personal

En dos mil catorce publiqué el poemario Otro uno, reparto y localizaciones, compartido con el de Adolfo García García H ¡Ay! Desconsuelo, en el volumen de nombre Otro uno, desconsuelo. El mío incluye un primer poema llamado Breve reseña personal, de cuyos versos entresaco el título del libro. Luego vendrían algunos otros.

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Primavera

La imagen que permanece de ti

en la distancia

que nos separa

es la de la flor que enraíza

en el impulso de la primavera…

 

João Carlos Abreu (Sobre o voo da gaivota, 1994)

 

Traducción de Aquiles García Brito

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A imagem

que

fica

de ti

na distância

que

nos separa

é

a da

flor

que se

enraivece

na força

da primavera…

 

João Carlos Abreu (Sobre o voo da gaivota, 1994)

 

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Murió João David Pinto Correia

João David Pinto Correia (Funchal 1939 – Lisboa 2018)

¡Qué noticia tan triste! Fue un placer y un honor haberlo conocido en Punta Delgada y compartir estrado con él, no llega al año,  y , por la brevedad de la experiencia, tenía la esperanza de volverlo a encontrar y aprovechar de su innegable humanidad y sapiencia, y disfrutar de su trato y amistad. Mi más sentido pésame para toda su familia, amigos y a las letras madeirenses y portuguesas.

Pero la pérdida es para la literatura en cualquier lengua.

TUMBA DE LISIAS EL GRAMÁTICO

Cerca, a la derecha al entrar, en la biblioteca
de Beirut enterramos a Lisias,
el gramático. Un lugar muy apropiado.
Allí estará cerca de todo aquello que fuera
su memoria –lecciones, textos, artes,
tantos libros, volúmenes de comentarios griegos.
Así contemplaremos su tumba y la honraremos
debidamente, cuando vayamos a leer.

 Kavafis (1914)

Traducción de José María Álvarez para Ediciones Hiperión S.L.

  1. De izquierda a a derecha: João David Pinto Correia , Aquiles García Brito y Marcelino de Castro. 2) João David Pinto Correia , primero por la izquierda.

Una poetisa a quien he leído últimamente: Natalia Correia

Ponemos tanto azul en esa distancia
anclada en claridad incierta
y nos quedamos en las paredes del viento
a escurrir todo lo que él invade.

Pusimos tantas flores en las horas breves
que secan hojas en los árboles de los dedos.
Y quedamos ceñidos en las estatuas
a mordernos en la carne de un secreto.

Natalia Correia (Poemas, 1955)

Traducción de Aquiles García Brito

 

Pusemos tanto azul nessa distância
ancorada em incerta claridade
e ficamos nas paredes do vento
a escorrer para tudo o que ele invade.

Pusemos tantas flores nas horas breves
que secam folhas nas árvores dos dedos.
E ficámos cingidos nas estátuas
a morder-nos na carne dum segredo.

Natália Correia (Poemas, 1955)

https://es.wikipedia.org/wiki/Nat%C3%A1lia_Correia

 

convite

 

La azotea

LA AZOTEA

 

Te narro

que le tiré los versos por el piso

aunque los versos cogieron tensión,

como liñas, y se elevaron

y ¿qué tienen las liñas?

Sábanas grandes, sábanas muy blancas,

¿Qué las sábanas blancas sino nubes?

Las nubes que no viajan, sí,

siempre en el mismo sitio.

A la pregunta de cuál es el suyo,

te responderá una madre,

pero ¿dónde encontrar a una madre a estas horas?

En la azotea,

haciendo cosquillas a las nubes

tendidas en los versos, para que el hijo

aprecie la amplitud.

 

Las nubes nos hacen volar,

 

Así qué tirar los versos al bardo,

según confieso que hice,

es romper la cometa a un niño.

Y no valen excusas.

 

Cuando las nubes no se ven,

es porque la madre las ha doblado,

cuando no está la madre,

es porque Dios la ha recogido

en el barreño azul,

cuando dices no tener azotea,

porque hace inviernos que no subes,

cuando aseguras que ya no se tiende,

como diciendo la poesía ya no sirve,

que ya no vuelas

—todo lo más recorres pasillos aéreos

de otros cargado de equipaje —.

 

Insisto, los tiré

a modo de hebras por la pila,

creyendo acabar con la rabia,

pero él ocupa aún lo profundo

y se clava como una citación

ineludible.

Otro uno, reparto y localizaciones (NACE, 2014)

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